La creación de la UNASUR tiene un sello distintivo respecto de otros organismos internacionales: el contexto mundial y la identidad deconceptos de muchos de sus impulsores.
No se trata de pretender que todos piensen igual, ni que dejen de lado los temas en los que tenemos
intereses contrapuestos. 
Se trata de generar un ámbito real y virtual para encontrar los puntos de contacto y coincidencia y, también para procesar racionalmente - y sin intervención de terceros con sus propios intereses y agenda - aquellos temas conflictivos.
Las relaciones entre los Estados de una misma región siempre tiene aristas que unen y desunen; así como los gobiernos democráticos representan distintas orientaciones ideológicas; se trata, entonces, de hacer primar el respeto al origen democrático de los gobiernos, a los pueblos que los eligen y sostienen, de confeccionar una agenda propia y consensuada sin intervención externa; y de crear una doctrina propia de defensa de los intereses comunes.
A lo largo de la historia, cada cambio del orden mundial - y hubo muchos - fue sustentado en la opresión de pueblos y regiones que pagaron con su independencia y su prosperidad las luchas de las metrópolis. Esa es la esencia de los imperialismos; en estos casos, cubrir la perdidas propias con recursos ajenos. 
Los facilitadores de las políticas imperialistas siempre fueron sus empleados locales - conscientes o no - (conocidos como cipayos), los que disfrazados de distinta manera, siempre apelaron  a un discurso y una praxis para abrir la ventana a la colonización de mentes de modo que aceptáramos el guión escrito extramuros que, decían, nos garantizaba "no estar aislados del mundo"; así gobierno tras gobierno obedeció a un establisment a su vez ignorante y obediente, y dimos los pasos que nos condujeron a las sucesivas crisis.
En nuestro país, esa tendencia cambio a partir del 2003, cuando Nestor Kirchner dejó de mirar cartas de navegación ajenas para ensayar nuestras propias rutas.
Y en la región lo acompañaron  Lula, y Correa, y Evo, y Tabaré, y Pepe Mújica, y Chavez, y Humala y Bachelet, pero también Santos y hasta Piñera, todos, a su manera, contribuyen a que nuestra región deje de ser gobernada para gobernarse a si misma. 
 
Hoy, la crisis del capitalismo realmente existente, amenaza a los cuatro puntos cardinales y sin embargo, no estamos al abrigo de ninguna tormenta pero estamos mas firmemente plantados que en ninguna otra oportunidad.
Plantados sobre una voluntad renacida, mirando para nuestros pueblos y velando por nuestros intereses.
Estamos en mejores condiciones de enfrentarla por la convicción de no tener que pagar platos rotos de mesas ajenas. 

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Etiquetas: Imperialismo, UNASUR

Comentario

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Comentario de Pablo A Fontdevila el octubre 4, 2011 a las 12:01am
Excelente Alejandro. Nada como guiarse por la conveniencia de nuestros pueblos
Comentario de Elvira del Valle Castillo el octubre 3, 2011 a las 6:42pm

 

Un análisis impecable.

Comentario de Sebastián Rocha el octubre 3, 2011 a las 1:47pm

Excelente análisis, claro y conciso. SIN PLATOS ROTOS. 

UNASUR esta destinada al éxito  por ese obstáculo que supo vencer sabiamente y por sobre todo la apertura suficiente para seguir aprendiendo. UNASUR marca un antes y un después en la historia de la evolución de la sociedad. 

Mas aplausos por esta joya de Alejandro Tullio

Comentario de Carlos Caramello el octubre 3, 2011 a las 1:26pm
Impresionante. Claro. Preciso. Contundente. Un análisis sintético de una realidad a veces tan extendida que es difícil de abordar con palabras. Aplauso y telón para esta joya de Alejandro Tullio

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